- La ansiedad – iii -

Posted Enero 19, 2008 by mariasativa
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Leo, releo, han transcurrido tres años desde aquello pero todo sigue oloroso  y fresco en la alacena de la memoria. Como el aroma de la noche perfumada ayer en el callejón…

He salido de la ducha y me seco el pelo. La ansiedad que experimento es en parte porque en el espejo me sucede la videncia de un impedimento:

‘… hay algo en la carretera. Ocurre algo y ese algo es el que frena el tráfico, no es que nos suceda nada a nosotros …’

Y es en parte porque el mensaje que dijo que me enviaría con el número de habitación no ha llegado todavía… Al final opto porque sea él quien me lleve:

Y ocurre. De repente el tráfico se frena y nos detenemos en una caravana, y yo le digo a él que es por culpa de un accidente que ha ocurrido muy cerca de la entrada del centro comercial. Y confío, aunque esté mal decirlo porque es una confianza egoísta, en que sea sólo eso y no ninguna otra cosa ”más grave” que nos imposibilite el avance, y también porque yo no he presentido más que un retraso, y la muerte y los heridos siempre se hacen acompañar de una sensación de pesadumbre…

¿Lo siguiente? Lo siguiente fue escrito en aquella época, y lleva por título:

LLAMANDO A SU PUERTA

Ya no importa el motivo por el que no pude ver a Susana. Me fue imposible encontrar la llave de una sola taquilla dónde guardar mis cosas.

Y tampoco importa que…

Ella y la puerta

Francisco de Asís Giménez Rocamora, La puerta

- ¿Un sueño profético? – ii -

Posted Enero 14, 2008 by mariasativa
Categories: Trayectoria

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El día que sucedió el sueño que voy a dejar hoy aquí no lo comprendí. Me refiero a una parte en concreto. Una semana antes de la fecha fijada para el Encuentro. A él mismo le había leído expresando que los presagios siempre se hacen realidad, porque nosotros cumplimos nuestras propias profecías…

Milo Manara

Imagínate que he llegado al comedor de ese lugar dónde se supone que tú y yo nos encontraremos. Y no tengo ni la más remota idea de cómo he llegado hasta allí. Digo en qué medio de transporte. Lo que si sé es que acudo a nuestra cita y me dicen que me siente en una mesa a desayunar. Es esa comida del día. Eso casi seguro, y entonces te veo tras la barra, vestido de gris marengo, como en la foto que guardo desde hace meses en una de las carpetas de mi escritorio *(una de medio cuerpo en la que podría ser muchos; un tipo corriente que aparece sentado tras otra mesa). Y sé que eres tú aunque no te pareces demasiado al hombre de la fotografía sino a otra persona. Ahora no te digo a cual porque entonces no lo tengo claro. Y no entiendo que haces allí pero alguien me explica , no sé si tú mismo (si no hubiera querido volver a dormirme a los pocos minutos, recordaría mejor los detalles), que tienes que trabajar como camarero para costear nuestra estancia en el hotel; y yo pienso que eso no es justo y me hace sentir muy incómoda, porque creo que debería de ser yo quién en todo caso se hiciese cargo de ese trabajo. A mí no me importaría y trato de explicártelo. Pero tú me haces una especie de gesto hierático, y yo sé que debo comportarme como una cliente más. Y de alguna manera comprendo que eso forma parte de tu ‘liturgia’ personal. Así que procuro relajarme y terminar mi desayuno (tampoco tengo claro que no sea una especie de bufete en el que uno se sirve a si mismo) a pesar de que me siento algo nerviosa (no excitada, nerviosa, fuera de lugar, tal vez un poco asustada). Y me llama la atención esa banda blanca, alargada , de forma rectangular y de tela (lino, creo), que llevas colgada del brazo derecho que permanece doblado sosteniéndola. Y pienso que tiene que ser incómodo para ti trabajar con esa ”etiqueta”. Pero no, tú no manifiestas ninguna evidencia de ello.

Luego salgo del comedor y tú subes por unas escaleras con tus otros compañeros ”de plantilla” pero llevas puesta una gabardina y arrastras un trolley, y entonces te reconozco; eres tú pero te pareces a aquel ‘mejor amigo’ de ‘alguien’, al que tenía una cafetería en un subterráneo. M., que tenía el pelo liso y llevaba gafas, y con él que yo me llevaba muy bien. Hablábamos mucho y con sinceridad. En realidad fue él quién me avisó de que lo nuestro (lo mío y lo de ‘ese alguien’) no funcionaría, porque ‘ese alguien’ no era nadie que pudiera sostener una relación íntima con otra persona. Me lo advirtió antes de que empezara a salir con él pero yo no le hice caso… (aunque sí que le prometí tener muy en cuenta nuestra conversación); sobre todo porque sospechaba que yo a él le gustaba mucho pero de una manera en la que yo no podía corresponderle; y luego él, con el tiempo, acabo saliendo con Alba y después ocurrieron cosas que pusieron fin a la amistad entre los cuatro. Lo sentí.  Y ahora estoy pensando que M. y yo nos entendíamos de fábula a nivel mental, teníamos muchas cosas que decirnos (lo contrario que ocurría con nuestras parejas) pero entonces yo era mucho más frívola y tampoco era capaz de apreciar la necesidad de ciertos matices…

Entonces, tú que todavía no eres tú, que eres ese M., estiras tu brazo y tu mano hacia mí (la misma que sostenía esa tela sin dejarla caer) y te resbalas por mi brazo izquierdo pero procurando comunicarme algo con una caricia que es a la vez tierna y firme; esa misma manera de tocar que tenía Ma. (uno de mis chicos discapacitados intelectuales, un enano que tenía una edad mental de dos años y que me tenía muchísimo cariño, era algo mutuo), y yo no sé ni cómo me siento porque no esperaba encontrarme a M. allí sino a ti y no sé si estaré preparada para ‘ello’.

Aunque luego en la penumbra de la habitación todo ha cambiado y los dos estamos desnudos, entonces M. se ha ido y tú ocupas tu lugar. Y estamos de pie tocándonos. Nos besamos, nos acariciamos, y el sexo ha comenzado entre nosotros sin que medie ningún tipo de palabras y yo estoy sintiendo sensaciones que no reconozco y no sabría ni como describir… son extremas, emocionalmente extremas , eso sí, profundamente sentidas pero íncreíbles, intensísimas y no me parezco yo y tú entonces me agarras por los brazos me separas unos centímetros de ti, los necesarios para mirarme a los ojos y creo que me dices algo de un llanto… (he borrado la frase que había escrito aquí pero por qué no la recuerdo con nitidez y para escribir una mentira mejor no lo hago, aunque era algo así como ‘me vas a hacer llorar’ y eso no tiene ni pies ni cabez). Y en ese momento yo insisto en llevar otra vez mi cabeza a tu pecho como si supiera que podría atravesarlo, penetrar por él y es cuando me despierto y muy impresionada trato de memorizar lo que he vivido para no olvidarlo pero a la vez quiero dormirme para retomar el mismo sueño y por eso me duermo, aunque ya no recuerdo ni siquiera si sueño…

Un detalle que en el relato del sueño no explico, porque ’el viajero’ me leía en mi bitácora y no quería herir su sensibilidad: creo que el miedo,  sobrecogedor en este caso, se traducía en la posibilidad de que el olor del hombre con el que iba a verme fuese desagradable; tan desagradable como el de M. Así funciona el inconsciente.

Y luego algún día escribiré lo siguiente:

Milo Manara espejo

La sorpresa fue cuando en la cita real … esas sensaciones tan Extrañas y Extremas fueron las mismas que viví. Insospechable. Casi dos años más tarde se lo explicaba así  a aquel otro desconocido con el que me encontraba en otra habitación de hotel, que yo misma, y durante ese sueño, sin pretenderlo, debí fabricar los esquemas mentales , o parte de ellos, que me llevaron a vivirlas… De alguna manera una expectativa se asemeja en mucho a una ‘profecía’.

Recuerdo especialmente la manera de asentir, sonriéndose consigo mismo pero dándome la razón, de este último desconocido. Aquello se me quedó grabado. Y una vez creado el esquema mental si las circunstancias son favorables…. pero sí, fue así, algo alucinante. Auténticamente mágico.

Yo no estaba acostumbrada a las drogas y sabía que iba a probar la marihuana por primera vez. Aún así es difícil de explicar como se puede vivir algo tan intenso y desconocido en un sueño que después se haga Textual Realidad.

- La Petición – i -

Posted Enero 2, 2008 by mariasativa
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Sin t�tulo. Úrculo 

‘Sin título’

EDUARDO ÚRCULO -

En algún día de principios del año 2005 sé que me encontraré con un Hombre… un Desconocido al que llamaré a partir de ahora el Viajero. Llevamos algunos meses virtuales tratándonos. Siempre públicamente. Nunca en privado pero él ya me ha ”contactado”. Viaja con alguna excusa a algún lugar próximo al que me vive. Y yo acepto conocerle. Antes de ese encuentro le pregunto (él creo que entiende) si sabe de alguna sustancia que haga de nuestra cita algo Especial. Entonces me escribe, ya sí, a mi e-mail para concretar Encuentro (hora y lugar), y para explicarme que traerá consigo algo de marihuana… ‘Gallega -dice- te juro que es diferente’. Él no conoce ni mi voz, aunque sí mi aspecto físico (alguna fotografía se lo dijo). Yo conozco de él su voz (en algún lugar me la encontré) pero no su aspecto físico real…

¿’Gallega te juro que es diferente’? Bien, si él me lo asegura me lo creo. Pero yo, que nunca la he probado… no podría distinguirla de una cordobesa,  extremeña, manchega o catalana. Y espero que nos alcance el día de la cita con plena Excitación.

- Las drogas en mi adolescencia y juventud -

Posted Enero 1, 2008 by mariasativa
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En mi casa, de mi padre fue el mérito, consiguen que si alguna vez las pruebo… me den el bastante miedo, tanto como para no disfrutarlas. Recuerdo haber dado alguna calada a un porro. Recuerdo que en tales ocasiones me siento mal. Recuerdo que mi historial en ese sentido es tan corto que no merece la pena  ni mencionarlo. Quizás más adelante hable de ello. Pero será en relación a mis amistades. Puede que en una o dos ocasiones probara alguna pastilla… Dudo mucho que esa pastilla fuera una droga. Como mucho las que inconscientemente me suministró mi abuelo. Narcolépticos de los que él consumía por su enfermedad. Pero esto es un inicio.

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