- ¿Un sueño profético? – ii -
El día que sucedió el sueño que voy a dejar hoy aquí no lo comprendí. Me refiero a una parte en concreto. Una semana antes de la fecha fijada para el Encuentro. A él mismo le había leído expresando que los presagios siempre se hacen realidad, porque nosotros cumplimos nuestras propias profecías…
Imagínate que he llegado al comedor de ese lugar dónde se supone que tú y yo nos encontraremos. Y no tengo ni la más remota idea de cómo he llegado hasta allí. Digo en qué medio de transporte. Lo que si sé es que acudo a nuestra cita y me dicen que me siente en una mesa a desayunar. Es esa comida del día. Eso casi seguro, y entonces te veo tras la barra, vestido de gris marengo, como en la foto que guardo desde hace meses en una de las carpetas de mi escritorio *(una de medio cuerpo en la que podría ser muchos; un tipo corriente que aparece sentado tras otra mesa). Y sé que eres tú aunque no te pareces demasiado al hombre de la fotografía sino a otra persona. Ahora no te digo a cual porque entonces no lo tengo claro. Y no entiendo que haces allí pero alguien me explica , no sé si tú mismo (si no hubiera querido volver a dormirme a los pocos minutos, recordaría mejor los detalles), que tienes que trabajar como camarero para costear nuestra estancia en el hotel; y yo pienso que eso no es justo y me hace sentir muy incómoda, porque creo que debería de ser yo quién en todo caso se hiciese cargo de ese trabajo. A mí no me importaría y trato de explicártelo. Pero tú me haces una especie de gesto hierático, y yo sé que debo comportarme como una cliente más. Y de alguna manera comprendo que eso forma parte de tu ‘liturgia’ personal. Así que procuro relajarme y terminar mi desayuno (tampoco tengo claro que no sea una especie de bufete en el que uno se sirve a si mismo) a pesar de que me siento algo nerviosa (no excitada, nerviosa, fuera de lugar, tal vez un poco asustada). Y me llama la atención esa banda blanca, alargada , de forma rectangular y de tela (lino, creo), que llevas colgada del brazo derecho que permanece doblado sosteniéndola. Y pienso que tiene que ser incómodo para ti trabajar con esa ”etiqueta”. Pero no, tú no manifiestas ninguna evidencia de ello.
Luego salgo del comedor y tú subes por unas escaleras con tus otros compañeros ”de plantilla” pero llevas puesta una gabardina y arrastras un trolley, y entonces te reconozco; eres tú pero te pareces a aquel ‘mejor amigo’ de ‘alguien’, al que tenía una cafetería en un subterráneo. M., que tenía el pelo liso y llevaba gafas, y con él que yo me llevaba muy bien. Hablábamos mucho y con sinceridad. En realidad fue él quién me avisó de que lo nuestro (lo mío y lo de ‘ese alguien’) no funcionaría, porque ‘ese alguien’ no era nadie que pudiera sostener una relación íntima con otra persona. Me lo advirtió antes de que empezara a salir con él pero yo no le hice caso… (aunque sí que le prometí tener muy en cuenta nuestra conversación); sobre todo porque sospechaba que yo a él le gustaba mucho pero de una manera en la que yo no podía corresponderle; y luego él, con el tiempo, acabo saliendo con Alba y después ocurrieron cosas que pusieron fin a la amistad entre los cuatro. Lo sentí. Y ahora estoy pensando que M. y yo nos entendíamos de fábula a nivel mental, teníamos muchas cosas que decirnos (lo contrario que ocurría con nuestras parejas) pero entonces yo era mucho más frívola y tampoco era capaz de apreciar la necesidad de ciertos matices…
Entonces, tú que todavía no eres tú, que eres ese M., estiras tu brazo y tu mano hacia mí (la misma que sostenía esa tela sin dejarla caer) y te resbalas por mi brazo izquierdo pero procurando comunicarme algo con una caricia que es a la vez tierna y firme; esa misma manera de tocar que tenía Ma. (uno de mis chicos discapacitados intelectuales, un enano que tenía una edad mental de dos años y que me tenía muchísimo cariño, era algo mutuo), y yo no sé ni cómo me siento porque no esperaba encontrarme a M. allí sino a ti y no sé si estaré preparada para ‘ello’.
Aunque luego en la penumbra de la habitación todo ha cambiado y los dos estamos desnudos, entonces M. se ha ido y tú ocupas tu lugar. Y estamos de pie tocándonos. Nos besamos, nos acariciamos, y el sexo ha comenzado entre nosotros sin que medie ningún tipo de palabras y yo estoy sintiendo sensaciones que no reconozco y no sabría ni como describir… son extremas, emocionalmente extremas , eso sí, profundamente sentidas pero íncreíbles, intensísimas y no me parezco yo y tú entonces me agarras por los brazos me separas unos centímetros de ti, los necesarios para mirarme a los ojos y creo que me dices algo de un llanto… (he borrado la frase que había escrito aquí pero por qué no la recuerdo con nitidez y para escribir una mentira mejor no lo hago, aunque era algo así como ‘me vas a hacer llorar’ y eso no tiene ni pies ni cabez). Y en ese momento yo insisto en llevar otra vez mi cabeza a tu pecho como si supiera que podría atravesarlo, penetrar por él y es cuando me despierto y muy impresionada trato de memorizar lo que he vivido para no olvidarlo pero a la vez quiero dormirme para retomar el mismo sueño y por eso me duermo, aunque ya no recuerdo ni siquiera si sueño…
Un detalle que en el relato del sueño no explico, porque ’el viajero’ me leía en mi bitácora y no quería herir su sensibilidad: creo que el miedo, sobrecogedor en este caso, se traducía en la posibilidad de que el olor del hombre con el que iba a verme fuese desagradable; tan desagradable como el de M. Así funciona el inconsciente.
Y luego algún día escribiré lo siguiente:
La sorpresa fue cuando en la cita real … esas sensaciones tan Extrañas y Extremas fueron las mismas que viví. Insospechable. Casi dos años más tarde se lo explicaba así a aquel otro desconocido con el que me encontraba en otra habitación de hotel, que yo misma, y durante ese sueño, sin pretenderlo, debí fabricar los esquemas mentales , o parte de ellos, que me llevaron a vivirlas… De alguna manera una expectativa se asemeja en mucho a una ‘profecía’.
Recuerdo especialmente la manera de asentir, sonriéndose consigo mismo pero dándome la razón, de este último desconocido. Aquello se me quedó grabado. Y una vez creado el esquema mental si las circunstancias son favorables…. pero sí, fue así, algo alucinante. Auténticamente mágico.
Yo no estaba acostumbrada a las drogas y sabía que iba a probar la marihuana por primera vez. Aún así es difícil de explicar como se puede vivir algo tan intenso y desconocido en un sueño que después se haga Textual Realidad.
Tags: esquemas mentales, Milo Manara, Sueños
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Mayo 1, 2008 at 9:02 am
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