- La ansiedad – iii -

Leo, releo, han transcurrido tres años desde aquello pero todo sigue oloroso  y fresco en la alacena de la memoria. Como el aroma de la noche perfumada ayer en el callejón…

He salido de la ducha y me seco el pelo. La ansiedad que experimento es en parte porque en el espejo me sucede la videncia de un impedimento:

‘… hay algo en la carretera. Ocurre algo y ese algo es el que frena el tráfico, no es que nos suceda nada a nosotros …’

Y es en parte porque el mensaje que dijo que me enviaría con el número de habitación no ha llegado todavía… Al final opto porque sea él quien me lleve:

Y ocurre. De repente el tráfico se frena y nos detenemos en una caravana, y yo le digo a él que es por culpa de un accidente que ha ocurrido muy cerca de la entrada del centro comercial. Y confío, aunque esté mal decirlo porque es una confianza egoísta, en que sea sólo eso y no ninguna otra cosa ”más grave” que nos imposibilite el avance, y también porque yo no he presentido más que un retraso, y la muerte y los heridos siempre se hacen acompañar de una sensación de pesadumbre…

¿Lo siguiente? Lo siguiente fue escrito en aquella época, y lleva por título:

LLAMANDO A SU PUERTA

Ya no importa el motivo por el que no pude ver a Susana. Me fue imposible encontrar la llave de una sola taquilla dónde guardar mis cosas.

Y tampoco importa que…

Ella y la puerta

Francisco de Asís Giménez Rocamora, La puerta

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